LA DERROTA DE QUEBRACHO, UN TRIUNFO POLÍTICO:

La renuncia de Pedro Varela Al gobierno ante la falta de apoyo de los militares que lo habían colocado en el poder, da comienzo en 1876 al período denominado militarismo, con el ascenso del Coronel Lorenzo Latorre a la presidencia.

La gran crisis económica que sufría el país en ese momento, por la disputa entre "oristas" y "cursistas", llega a su fin con la disposición presidencial de emitir el papel moneda tomando el oro como único patrón monetario. Esta medida tuvo como contraparte una política de recorte de gastos del estado que afecto a los empleados públicos. Unidades militares enteras fueron disueltas, se disminuyó el sueldo de los funcionarios estatales por decreto, incrementando al mismo tiempo la recaudación de dinero con los impuestos como por ejemplo, el que gravó a los vendedores ambulantes. Varios adjetivos acompañan la descripción del gobierno llevado a cavo por Latorre.

Fue señalado como un déspota, que gobernó prescindiendo absolutamente de los partidos; pero también se reconoce su absoluta sobriedad y su escrupulosidad financiera. Latorre imprimió un sello de modernidad al país, sobre todo en relación a los cambios que produjo en la campaña. Las diversas medidas adoptadas en distintos planos cambiaron la fisionomía del país, acortando las distancias entre el Uruguay Rural y la ciudad.

La obligación de la medianería –por ejemplo- con el consiguiente alambramiento de los campos trajo como consecuencia una mayor productividad y seguridad en la producción rural, con la contrapartida de una gran masa de desempleados rurales. Se entiende que un 10 % de la población rural vivió esa nueva realidad que asentó la marginación a ser expulsado del medio del que vivían dando lugar a los llamados pueblos de ratas, en las cercanías de los centros urbanos del país.

A nivel político, creo la figura del jefe político, sustituyendo de esta manera la omnipresencia de los caudillos, y finalmente, la gran revolución cultural estuvo de la mano de José Pedro Varela con su reforma educativa, que pobló de escuela el interior rural del país. A pesar del sello modernizador que impulso Latorre, la ausencia de apoyo por parte de los principistas precipitó su renuncia en marzo de 1880.

Al día siguiente, el Presidente del Senado Francisco Antonio Vidal pasa a ocupar la primera magistratura en forma interina. Su interinato fue un mero escalón al poder de su ministro de guerra: Máximo Santos.

La renuncia de Latorre puso nuevamente sobre el escenario político las querellas partidistas que se habían vivido hacia casi una década, en el lejano 1872. Nuevamente surgen los partidos cuestionadores de los viejos mandos tradicionales dando lugar al Partido Constitucional, en cuyo seno militaron José Pedro Ramírez, Eduardo Britos Del Pino, Luis Melian Lafinur, Entre otros intelectuales de la época. Al mismo tiempo, Julio Herrera y Obes y Agustín de Vedia intentaban revitalizar al partido Colorado y al Nacional respectivamente.

EL ASCENSO DE SANTOS:

En lo económico, si bien es un período de prosperidad, también lo es de despilfarro administrativo y de corrupción. La bonanza vino de la mano de las inversiones extranjeras, principalmente británicas, así como un equilibrio entre importaciones y exportaciones, unos 25 millones de pesos por año. Nuestro principal socio comercial va a ser Gran Bretaña. Comienza a establecerse una industria nacional de artículos de consumo, calzados, textiles, hasta ese momento prácticamente inexistente. Muestra de la prosperidad es la exposición rural llevada adelante en el predio que hoy es la Plaza de los 33 Orientales.

Al igual que Latorre, Santos se preocupó por la educación, en este caso, la superior, esta vez de la mano del Dr. Alfredo Vázquez Acevedo, quien inspira una ley universitaria, determinando la formación de tres facultades: Derecho, Medicina y Matemáticas.

A la controvertida figura de Santos se le reconocen "cierta nobleza de alma, cierta amplitud señorial"; la renuncia de cobrar la deuda de guerra de Paraguay, de tiempos de la triple alianza, así como la devolución a este país de banderas y armas capturadas en ese conflicto y conservadas como trofeos en museos uruguayos. También el decretar honores de brigadier general a los restos de Leandro Gómez el 2 de Enero de 1884, aniversario de su muerte.

Pese a estos aspectos positivos del gobierno de Santos, los negativos fueron suficientes como para generar un creciente rechazo a su persona. Autoritario con sus correligionarios de partidos, va a reprimir con eficacia los cíclicos levantamientos de caudillos regionales. Mantiene una buena relación con los blancos hasta el fallecimiento de Timoteo Aparicio. Sus arbitrariedades, su desprecio por la prensa y los derechos de los ciudadanos, llegan a molestar a los sectores doctorales de su propio partido, siempre celosos de los principios de gobierno liberales.

Fueron varios los levantamientos surgidos ante su gobierno, de los cuales, la revolución del Quebracho fue más importante, ya que logro juntar elementos de todos los partidos- incluso el Colorado- buscando la caída de su régimen.

El territorio Argentino se transformo nuevamente en la base de operaciones de aquellos orientales dispuestos a derrocar al gobierno de Santos, bajo la benevolencia del presidente argentino Roca. Esta situación generó algunos roces diplomáticos entre ambos países, "el ministro uruguayo en Buenos Aires, Dr. Gregorio Pérez Gomar, removido de su cargo en abril de 1884 y a su vez, el representante argentino en Montevideo desde el primero de enero de 1882, Enrique B Moreno, se vieron sometidos a un importante ajetreo diplomático y pasaron por situaciones desairadas, en especial Pérez Gomar, más que por reclamaciones de Roca por la presión de que lo hacía objeto Santos y por la presencia irregular en Buenos Aires, desde julio de 1881, de un representante personal de Santos entonces ministro de guerra, Apolinario Gayoso, que más tenía de elemento policial y de espíaducho en sobornos y otros manejos turbios, que de agentes diplomáticos.
" Corría el año 1885 y el deseo de poner fin al gobierno santista había hecho carne en la mayoría de la población. El despilfarro y la corrupción eran intolerables. Ya el año anterior, alrededor de la figura de Joaquín Requena García se agrupan diversas personalidades con el fin de elaborar el derrocamiento de Santos, tales como: Ernesto de las Carreras, Eustaquio Tomé, los Belastegui, Juan José de Herrera, Martin Aguirre, el poeta Juan Zorrilla de San Martin y los Ramírez entre otros.
El clima que se vivía en ese momento es pintado por el entonces joven Javier de Viana, partícipe del combate en el Quebracho: "A fines de enero la revolución estaba hecha ya. De día en las redacciones de los diarios independientes, de noche en casa de ciudadanos distinguidos, se reunían los revolucionarios combinando planes. La sociedad universitaria, el Ateneo del Uruguay o la casa de algún estudiante cabecilla eran los puntos de cita para la juventud montevideana. Allí solía verse de noche un grupo de diez o doce individuos que parecían hablar con la mayor indiferencia y al día siguiente, a la misma hora, ya no se les veía en Montevideo, habían desaparecido. Cuando un tertuliano de la Universidad asistía a ella, siempre encontraba, noche a noche, unos cuantos compañeros menos y sin preguntarlo a nadie todos sabían dónde estaban, y esas desapariciones iban haciendo hender poco a poco el cerebro de los que aún dudaban. Periodistas, catedráticos, estudiantes, huían a Buenos Aires y los jóvenes que restaban sentían un malestar incomprensible al notar el aislamiento en que quedaban. Buenos Aires los atraía como el abismo".

En Buenos Aires, la actividad era febril; existían cuarteles de adiestramiento de tropas, y locales de reunión desde donde se preparaba la invasión. Las operaciones militares eran dirigidas por los generales José M. Arredondo y Enrique Castro. Se acordó que una vez ingresadas las Fuerzas al Uruguay, se formaría un Gobierno Provisorio formado por dichos generales y Lorenzo Batlle.
El 28 de marzo del año 1886 comienza finalmente el operativo revolucionario, cuando en Concordia se procede a la embarcación de las tropas rumbo a territorio oriental.

PERIPECIAS EN EL RIO URUGUAY:

La campaña de Entre Ríos y Corrientes, estaba llena de emigrados orientales. Eran cientos que esperaban el momento de cruzar el río Uruguay. Los revolucionarios contaban con el apoyo de las autoridades argentinas que hacían la vista gorda. En varias naves, el Comercio de Paysandú, Júpiter, Leda y Estrella se encontraban los insurrectos, al mando, los generales Arredondo y Castro.

Al llegar al lugar previsto del desembarco vislumbran la cañonera gubernista General Suárez, en cuya presencia, y a poca distancia, descendieron a tierra.
Por un momento, el enfrentamiento con la cañonera parecía inminente. Rápidamente Arredondo ordena a un grupo de infantería acercarse al buque, prontos a abrir fuego. En un instante, con gran sorpresa de todos, la Suárez que había detenido su navegación se mueve, vira y se va. La situación los había dejado alertas a todos, pero el desembarco continúa con normalidad.

Por el lado de tierra se sentían algunos tiros. El primero que bajó a tierra e hizo los primeros tiros fue el teniente Diego Lamas, del batallón Ramírez, tras él, el comandante Juan Mena se internó en el monte y avanzó sobre el enemigo llevándose por delante a las tropas del gobierno, que estaban allí apostadas. Lamas hizo otro tanto con otra guerrilla que estaba en flanco izquierdo. Pese a que el desembarco fue exitoso, no se contaba con la caballada, que había sido requisada por Tajes sabiéndola fundamental para iniciar los desplazamientos.

El día 30 se suceden una serie de escaramuzas entre revolucionarios y gubernistas. Un cronista, que participó en los acontecimientos los describía en estos términos: "Parecía una partida de ajedrez. Fue una bonita pelea. El fuego recrudecía por instantes, y nuestras guerrillas se reforzaban. Continuamente se les estaban mandando agua con caña, y las tropas que habían quedado de reserva hacían churrascos para sus compañeros que batían"

Conocedor de que importantes contingentes gubernistas a las órdenes de Tajes se aproximaban, los revolucionarios decidieron replegarse en forma ordenada, aprovechando la noche... Faltaba poco para que viniera el día. Las columnas seguían la costa del arroyito llamado "Quebracho".

LA BATALLA DEL QUEBRACHO:

A las 11, más o menos, los batallones acamparon en columna y por compañía. No les duró el descanso, las descubiertas del comandante Mena ya avistaban columnas enemigas. Sonó el clarín y todos concurrieron a formar. Los infantes iban agrupados en batallones que se desplegaban por su orden numérico: 1º, 2º,3º,4º y 5º, las caballerías marchaban en flancos. Los intelectuales montevideanos, "la juventud dorada" de esa época, estaba concentrada en el batallón 1º de infantería. Al mediodía comenzaron los disparos. Por una orden de Arredondo, se trasladaba el parque a la vanguardia. Los primeros que se tirotearon fueron los comandantes Pablo Ordoñez y Mena- el primero en protección del segundo-, hasta que éste, en cumplimiento de una orden recibida, se replegó abriendo entonces su fuego Ordoñez.

El general Arredondo, antes de haber descubierto completamente al enemigo, avisó: " Esto que viene es la vanguardia". Y esta era la creencia de todo el ejército. Se decía que la operación era una estratagema del enemigo buscando entretenerlos hasta que Tajes los alcanzara. Esta idea dominaba en todos los espíritus. La intención del general Arredondo era evitar el combate, ya que sus objetivos eran marchar e internarse en el corazón del país. Al romper la marcha, había dicho: "Vamos a tirotearlos todo el día, y en la noche nos vamos".

Entre tanto el tiroteo de retaguardia redoblaba su fuego. Ordóñez mantenía con bizarría la retirada, y en su protección salieron las fuerzas de Octavio Ramírez y José Visillac. La orden fue dada por el Coronel Vázquez, en persona.
La escasa caballería revolucionaria seguía los flancos, mientras la infantería buscaba la altura de un palmar.

Mientras tanto el ejército gubernista redoblaba su ataque, seguro ya del triunfo. Eran más en número de combatientes, más profesionales, y contaban con artillería: cañones Krupp y ametralladoras Nordenfelt. Los soldados santistas avanzaban, pese al fuego graneado de los revolucionarios, el terreno se cedía palmo a palmo.

Empiezan a caer heridos los jefes revolucionarios Visillac, Amilivia, Mena.

Tras cuatro horas de combate los montevideanos empiezan a ser diezmados.

Ya la retirada es imposible y no tienen orden. El general Arredondo había continuado el combate con estas palabras: "pelearé con mi guardia vieja" y allí estaba con los últimos restos de la juventud de Montevideo.

Con el último disparo se hizo en derredor del campo un silencio profundo. De las filas del gobierno viene un parlamentario que intima a la rendición. Se accede. "La revolución había muerto. "La patria volvía a vestirse de luto", culmina Javier de Viana.

EL MINISTERIO DE LA CONCILIACIÓN:

La Asamblea General del 1º de Abril, luego de conocido el resultado de la batalla decidió, en un acto inusual y cargado de compromiso con Santos, crear por ley la jerarquía de capitán general como mayor del país (para el presidente) y ascender a Tajes a teniente general. En el artículo 3º de dicha ley se asignaba a Santos la cantidad anual de 12 mil pesos. La victoria militar de Quebracho, sin embargo, había sido una llamada en la mayoría de la población civil, que ya no toleraba la situación de la tiranía del general Santos. El descontento se canalizó a través de la prensa, que arreció contra su figura. El 16 de Junio de 1886 se funda el diario "El Día" y con él la oposición cobró nueva fuerza. El 17 de agosto de 1886- mientras se dirigía al Teatro Cibils para asistir a una función de gala de la ópera Gioconda- Santos fue objeto de un atentado a su vida, por parte del alférez Gregorio Ortiz. A pesar de las graves heridas y las secuelas del hecho, se reintegró a las funciones del gobierno el 14 de octubre. Su camarilla decidió culpar a la prensa opositora de este atentado, por lo que Santos no dudó en enviar un proyecto de Ley de Imprenta, sumamente severa, y que fue sancionada rápidamente. Pero los ministros se negaron a estampar su firma, y renunciaron masivamente, con excepción de su Ministro de Guerra, Máximo Tajes.

Esta situación hizo comprender a Santos que ya no contaba con el apoyo necesario en su gobierno y buscó acercarse a la oposición para formar lo que se llamaría el Ministerio de la Conciliación. El contacto se realizó a través de la figura de José Pedro Ramírez, quien impuso una serie de condiciones para aceptar el Ministerio de Gobierno. Las condiciones incluían total libertad de prensa, respeto a la Constitución sobre todo en lo referente a la no reelección presidencial, prohibición de levas forzosas, entre otras. El general Santos aceptó cada uno de los puntos, y el 4 de noviembre de año 86, los ministros de la Conciliación prestaron juramento.

Finalmente, el 18 de noviembre Santos presenta renuncia a su cargo. El mismo día, la Asamblea Legislativa nombró a Máximo Tajes para completar el período de gobierno.

Los ministros de la Conciliación duraron poco tiempo, pero su lugar fue ocupado por otras personalidades, entre las que se contaba Julio Herrera y Obes, quien fue figura primordial en el proceso de evolución hacia el régimen civil. Era el fin del militarismo.

Bibliografía consultada:
"El Uruguay de la modernización 1876-1904". Enrique Mendes Vives
"Historia de la República Oriental del Uruguay". Juan Pivel Devoto
"La Revolución del Quebracho y la Conciliación". Gonzalo Aguirre Ramírez
"Crónica General del Uruguay". Reyes Abadie – Vázquez Romero
"Crónica de la Revolución del Quebracho". Javier De Viana